Obra del mes de septiembre de 2025
Obras: Gitano granadino, de Ramon Casas y Carbó / Cantaora, de Santiago Rusiñol y Prats
Lugar / Fecha: Granada, septiembre de 1883-marzo de 1884 / Granada, 1898
Materia / Técnica: Pintura al óleo sobre lienzo / Dibujo al lápiz carbón, pastel y tinta pulverizada sobre papel
Medidas: 20,5 x 20,3 cm / 43 x 27,9 cm
Colección: MuseodelCauFerrat,Sitges.ColecciónSantiagoRusiñol,núm.inv. 30.792y30.796
Le manuscrito trouvé en Saragosse es una novela del escritor polaco Jean Potocki (1761-1815), que relata las aventuras de un oficial de las tropas valonas en las Alpujarras durante la guerra del francés. Uno de los atractivos es la descripción de un mundo fantástico en el que los moriscos -los Gómelez- han sobrevivido a la expulsión y mantienen un gobierno en la sombra que se apoya en poderes mágicos. Mientras que el príncipe de los gitanos, Avadoro, manda más entre los suyos que el gobernador español y los generales napoleónicos.
El gitano que Ramon Casas pintó en Granada, entre 1883 y 1884, se asemeja a aquel fabuloso Avadoro, rey de los gitanos, que Potocki retrató cien años antes, en su libro. Lleva un traje claramente anacrónico. Es un gitano vestido de gitano del siglo xviii, con una ropa como la que llevan los toreros de las corridas goyescas, que hacen la comedia de vestirse como en la época de la Tauromaquia de Goya, de principios del siglo xix.
El tema del vestir de los gitanos no es menor. Como ha explicado Bernard Leblon en sus libros, las pragmáticas de los reyes de España contra los gitanos –que buscaban su asimilación o, como se dice en los documentos del siglo xvii, “la extinción”– prohibían los gitanos ir vestidos de gitano. En el libro La criminalidad en Barcelona y en las grandes poblaciones (1886), que es prácticamente contemporáneo del aceite de Casas, Manuel Gil Mestre explica que los gitanos catalanes ya no van con pantalones bombachos, chaquetas de colores y montera: llevan blusa, americana y gorra. El gitano de Casas, en cambio, lleva un 'sombrero de catite' –un sombrero tradicional andaluz–, pañuelo en la cabeza, chaleco y manta en el hombro. Sólo le falta el trabuco.
Este gitano, ¿podría ser Mario Jiménez Chorrojumo, rey de los gitanos, que dicen que pintó Fortuny en 1868? A la gente le gustaba tanto encontrarse ese gitano vestido de gitano (en realidad, de bandolero de comienzos del xix) que se convirtió en una especie de guía de la Alhambra, como una estatua animada del Coliseo, pero con más gracia. Hay muchas fotografías. En la Biblioteca Museo Víctor Balaguer de Vilanova y la Geltrú hay un retrato de Chorrojumo obra de Miquel Carbonell Selva, con una barba blanquecina. No parece el mismo hombre del retrato de Casas, pero sí el mismo personaje: el gitano castizo vestido de época.
Ramon Casas lo pintó durante el viaje –bien documentado– que hizo en Granada entre 1883 y 1884, con Laureà Barrau. En ese viaje, Casas aprendió a tocar la guitarra. Fue uno de los rasgos de partida de la primera moda del flamenco en Barcelona, que ha quedado borrada por el boom en torno a la Exposición Universal de 1929. El Café Sevilla, en el número 72 de la avenida del Paral·lel, lado por lado del Café Español, fue el centro de este movimiento. Se inauguró en 1898. Casas iba a menudo con los pintores Isidre Nonell, Ricard Canals, Ricard Urgell, Joaquim Biosca y Josep M. Xiró. Alexandre de Riquer también participaba de la moda flamenca e hizo el dibujo de la cubierta de Cantares populares y literarios, publicado en 1900 por Melchor de Palau, que contiene muchos cantas tradicionales. En el Café Sevilla actuó el gran cantaor Antonio Chacón, cuando empezaba. En 1899, en Els Quatre Gats, se celebró una sesión flamenca con el bailaor Enrique Lara de la Vega y el guitarrista Miguel Burrull que, años más tarde, fue propietario y animador del famoso tablao Villa Rosa, de la calle Arc del Teatre.
Estas informaciones cambian la perspectiva que se tiene sobre la imagen folclórica de los gitanos, muy vinculada al mito romántico y la españolada, por razones literarias, artísticas y musicales bien conocidas. Más allá de esta visión folclórica y romántica había un auténtico interés, compartido por artistas y escritores.
El dibujo de la Cantaora de Santiago Rusiñol, realizado en Granada en 1898, corresponde a este momento. El Café Sevilla acababa de abrir sus puertas y la moda del flamenco en Barcelona hacía el pleno. Había la idea de que los gitanos andaluces eran más auténticos que los gitanos catalanes. Ya hemos visto lo que decía el magistrado Manuel Gil Mestre en 1886. Incluso Juli Vallmitjana, que convivió mucho y conoció muy bien a los gitanos de Hostafrancs, de Sant Martí y del Portal
de San Antonio, cuando quiso documentar su libro De la raza que se pierde (1917), hizo un viaje a Madrid, Córdoba y Granada, del que se encuentra el testimonio de artículos de la época. Pere Salom i Morera, sitúa en Granada varias historias de su libro Gitanos (1911), que hablan documentadamente de las torturas de la Inquisición y de la resistencia de los caudillos gitanos. Rusiñol dibuja a la gitana en un espacio cerrado. La pared, que tiene un grueso zócalo, parece empapelada: puede ser el cuarto de una casa particular o de un local donde se canta flamenco de cara al público. La mujer tiene el pelo muy negro, recogido con una rosa roja. El pañuelo es bonito pero no muy sofisticado; nada tiene que ver con los pañuelos de Manila, con bordados excelsos, de algunas obras de Ricard Canals o Herman Anglada-Camarasa.
Es difícil representar la concentración, fuerza y sentimiento del canto. Quizá por eso la mayoría de los dibujos y cuadros de flamenco son escenas de baile, más o menos abigarradas y orgiásticas, con movimientos enérgicos de brazos y vestidos. El tango de la corona (1910) de Hermen Anglada Camarasa, que puede verse en CaixaForum Palma, es el máximo exponente de este concepto, con una representación extraordinaria de los guitarristas, en la parte inferior de la escena monumental. La otra opción son los retratos estáticos, algo estatuarios, entre los que destacan los de Ignacio Zuloaga, pintor de gitanos y gitanas, y él mismo guitarrista de flamenco. Rusiñol centra toda la fuerza en la expresión de cara y en el gesto de agarrarse la cintura con las manos, para sacar la voz de la barriga. Su dibujo hace pensar en una escena del Café Sevilla que el periodista Màrius
Aguilar describió en Biografía del Paralelo 1894-1934 (1945), publicado con el seudónimo de Luis Cabañas Guevara:
«Una noche, el pintor Ricardo Canals le preguntó a la Macarena cómo lograba poner tan entonado sentimiento en el canto, y ella, como quien no le da importancia a lo dicho, respondió:
‘‘–Es que er cante jondo, como er flamenco, sacude las entrañas del querer.’’»
CONDE GONZÁLEZ-CARRASCOSA, A. Chorrojumo, en: Granadaiflamenco: Revista de Actualidad, investigación y eventos flamencos de Granada, 10 de enero de 2013.
GUILLAMON, J. «Julio Vallmitjana y el flamenco», en: Nonell, Vallmitjana y los gitanos. Barcelona: Ediciones de 1984, 2026 (en prensa).
LEBLON, B. Los gitanos de España. Investigación sobre los distintos aspectos de la cuestión gitana. Barcelona: Alda Talento, 2004.
QUILEZ, F. «La temática gitana en Nonell. La superación del estigma racial y social», en: Quílez, F.; Vallès, E. Nonell. Visiones desde los márgenes. Barcelona: Museo Nacional de Arte de Cataluña, 2020.
QUILEZ, F.; PALAU-RIBES, M. Rusiñol y la Alhambra. El despertar de un pintor poeta. Granada: Patronato de la Alhambra y Generalife, 2025
SÁNCHEZ SAULEDA, S. «Ramon Casas y Laureà Barrau: crónica de un viaje a Granada y de un retrato a Tom Roberts (1883-1884)», en: Emblecat. Revista de la Asociación Catalana de Estudios de Emblemática. Arte y Sociedad, núm. 4, 2025.
Julià Guillamon, escritor
Sitges, septiembre de 2025

