Obra del mes de diciembre 2024
Obra: Dona en un cafè [Mujer en un café], de Joaquim Sunyer i de Miró (Sitges, 1874-1956)
Lugar / Fecha: París, 1900
Material / Técnica: Pintura al óleo sobre tela
Medidas: 58 x 49 cm / 80 x 73 cm (marc)
Colección: Museu de Maricel, Sitges. Dipòsits externs, núm. inv. 92
Joaquim Sunyer y de Miró, hijo del maestro de obras Jaume Sunyer y Juncosa (Torredembarra, 1874 – Sitges, 1918) y de Rosa de Miró y Argenter (Reus, 1850 - Sitges, 1896) se inició en la pintura al abrigo de los pintores luministas de la playa y de las huertas del arenoso sitgetano, formación en la que su tío materno, el pintor luminista Joaquim de Miró y Argenter (Sitges, 1849-1914) jugó un papel determinante.
Cuando la familia se trasladó a Barcelona debido al trabajo del padre, el joven Sunyer se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de Lonja en el curso 1894-1895, donde trabó amistad con Joaquim Torres-Garcia, Isidre Nonell, Joaquim Mir y Ricard Canals. Con ellos, integrantes de la denominada Colla del Safrà por el predominio de tonos amarillentos en sus obras, frecuentó los ambientes populares, practicó el dibujo a pie de calle y la pintura à plein-air.
En sus incursiones en Sitges, salía a pintar huertas y paisajes a menudo acompañado de su tío. Tomó parte en las exposiciones de Bellas Artes de Barcelona de 1894 y 1896, donde sus obras fueron comentadas por el crítico de arte más importante del momento, Raimon Casellas, como ejemplos de la Escola Luminista.
La atracción de París como capital de las artes que ofrecía a los jóvenes de su generación libertad artística y personal y oportunidades de ejercer la vida de artista fue el señuelo que le llevó a pedir a su padre el dinero destinado a su redención del servicio militar, que en aquellos momentos suponía ir a realizar la guerra a Cuba. La muerte de su madre en verano de 1896 precipitó su partida, que fue en calidad de prófugo.
Durante los dos primeros años en París, Sunyer experimentó una vida de bohemia negra. Instalado en Montparnasse pasó todo tipo de privaciones, subsistiendo a base de vender dibujos y obra sobre papel, ya que apenas se podía pagar material pictórico. La primera obra que vendió fue de temática miserabilista, propia de su condición misma; representaba un viejo sentado y la adquirió el dr. Landau, que se convirtió en su primer coleccionista.
En 1898 se trasladó a Montmartre a pie, acarreando una carretilla con sus escasas pertenencias mientras iba murmurando poemas de Charles Baudelaire. Inmerso en un París que le mostraba el rostro más duro, encarnado en la gente humilde y las clases populares más necesitadas que él tan bien llegó a conocer, fue consiguiendo que sus grabados y pasteles encontraran un sitio entre los salones de Beaux Arts y el mercado del arte.
Los grabados con los que ilustró la obra del poeta Jehan Rictus, Les soliloquis du pauvre (1897), empezó a cambiar su suerte, aunque continuó su
visión miserabilista hasta el vuelco de siglo. Dos libros de
la colección Minutes parisienses, en los que ilustró los textos de Henry Fèvre (1901) y Gustave Geffroy (1903), muestran su profundo conocimiento de los ambientes y calles parisienses, característica que le fue reconocida por la crítica de la época.
Siempre en busca de un lenguaje propio, los escenarios de Sunyer eran los bulevares y las calles, como las de Belleville y las de Montmartre; los jardines del Palau del
Luxemburgo, cercano al barrio latino, los interiores de los cafés y el mundo del espectáculo, principalmente el Moulin Rouge. Los protagonistas de sus obras son la gente de la calle, marginados, pobres, obreros y gente sencilla, los estudiantes y pasavolantes que frecuentan los jardines de Luxemburgo, y las mujeres de los bulevares, calles y locales de recreo. Por lo general representa escenas de grupos, pero dedica su atención a tipos concretos, como los viejos clochards y vendedores ambulantes, ya figuras femeninas que singulariza por alguna razón.
Hacia 1903 Sunyer es reconocido como un buen artista, con una producción de obra sobre papel que le sitúa entre los mejores del momento. En 1905 su marchante Henry Barbazanges le financió un viaje a España para que profundizara en el género de la españolada, un estilo clientelar del París de aquellos años que practicaron, entre otros, Anglada-Camarasa, Ricard Canals y Pau Roig. De paso y de regreso de Madrid, Toledo y Ávila, Sunyer recaló en Sitges para ver a la familia. Posteriormente, instalado de nuevo en París, pintó algunas obras de españolada a gusto de su marchante, pero regresó a figuras femeninas ya paisajes urbanos ya alejados de la ciudad marginal.
La estancia en Sitges y la contemplación de las exposiciones que el Salón de Automne dedicó a Gauguin (1906)
y en Cézanne (1907) determinaron un giro radical a su producción, reorientándola hacia un primitivismo paisajístico patente en las obras realizadas en Sitges a partir de 1908. En 1909 cierra su etapa parisina e inicia el transcurso hacia el Novecentismo plástico, movimiento de lo que es el más importante representante. Como escribió en una de sus cartas evocando París, "il faut faire la jeunesse", pero en realidad significó su paso por la vida moderna que la ciudad le ofreció.
El cuadro Mujer en un café fue pintado en París en 1900. Su protagonista comparte con la blanchisseuse el hecho de ser las dos primeras mujeres singularizadas en la obra del artista.
La lavandera representa a la mujer de extracción humilde que se gana la vida haciendo colada por cuenta ajena, caracterizada trajinando un saco de ropa por toda París –en Belleville, en el Canal Saint Martin, en la rue des Abesses o en la rue Lepic– entre 1898 y 1903.
La mujer del café aparece entre 1899 y 1901 ubicada en escenarios amables como los jardines del Luxemburgo y los bulevares y lugares elegantes. Protagoniza un óleo titulado Món elegant (1901), un concepto que evoca lugares concretos de encuentros y de ocio. Dos versiones de un mismo grabado, también de 1901, la identifican como Parisina y Mujer en rojo.
Es una visión que refleja todo un estilo de vida concretada en la figura de la parisiense, tal y como Ramon Casas le ha consagrada en las páginas de Pelo & Pluma con motivo de su prolongada estancia en la Exposición Universal de 1900. Es una mujer libre, que sale de casa, pasea, frecuenta los cafés-cantante y los espectáculos de baile y que goza de una libertad y un posicionamiento social alejados de las mujeres de las clases populares.
El artista la sitúa siempre en un primer plano, de medio cuerpo o de cuerpo entero, en una posición inequívocamente dispuesta que representa a la vez un retrato y una actitud. La mujer del café ha permanecido anónima, pero seguramente no fue una simple desconocida, aunque por aquellas fechas era la blanchisseuse quien hacía vida con el artista que la representó transitando por las calles y en la intimidad del desnudo.
Bibliografia básica
Benet, R. (1975). Sunyer. Barcelona: Polígrafa.
Fèvre, H., & Sunyer, J. (1901). Les Minutes Parisiennes : 5 heures la rue du Croissant. Illustrations de Sunyer. Gravées sur bois par Beltrand et Dété. Paris: Ollendorff.
Geffroy, G., & Sunyer, J. (1903). Les Minutes parisiennes : 7 heures : Belleville. Illustrations de Sunyer gravées sur bois par T.-J. : Beltrand et Dété. Paris: Ollendorff.
Panyella, V. (1997). Joaquim Sunyer. Col. Gent nostra. 117. Barcelona: Columna.
Panyella, V. (1999). «El pintor de la vida moderna (París, 1896-1910)», a: Joaquim Sunyer. La construcció d'una mirada. Barcelona: Museu Nacional d’Art de Catalunya, p. 35-54.
Sindreu Portabella, Roser. (1992). L’obra gravada de Joaquim Sunyer: catàleg raonat. Tesi doctoral, Universitat de Barcelona. Departament de Representació i Anàlisi Compositiva, 1992.
Sunyer Hanappier, I., & Villalba Moreno, J. A. (2024). Joaquim Sunyer, 1874-1956. Catálogo razonado digital. Parte 1a (Vol. 1).

