El universo cinematográfico en tono azul de Jacques Monory irrumpe en la Fundación Stämpfli

Es uno de los artistas más significativos del arte contemporáneo francés de la segunda mitad del siglo XX

La Fundació Stämpfli presenta un viaje retrospectivo al universo cinematográfico de Jacques Monory, uno de los artistas más relevantes del panorama del arte contemporáneo en la Francia de la segunda mitad del siglo XX. Jacques Monory, mon cinéma reúne 30 obras de este artista hasta el próximo 18 de octubre, en una exposición coordinada por Ferran Martínez Sancho. La muestra configura un retrato autobiográfico de Monory con sus grandes temas: la muerte, el deseo y la trágica condición del ser humano. Y lo hace en el tono azul que caracteriza y distingue su obra.

Nacido en París en1924, Jacques Monory es una de les grandes figuras del arte contemporáneo. Su trayectoria artística está indisolublemente asociada a la Figuración Narrativay al grupo de artistas que se dieron a conocer en la exposición Mythologies quotidiennes, en 1964. Este grupo conforma el núcleo central de la colección de la Fundació Stämpfli, del que Jacques Monory es una figura capital.

Su carrera pictórica, iniciada en los años 50 del s. XX, está vinculada de manera inseparable a la fotografía y al cine. Toda su obra está fuertemente anclada en vivencias sentimentales, experiencias y en su historia personal, sirviéndose de imágenes que provienen de un trabajo previo, cámara en mano, de modo que cada cuadro viene a ser un fotograma de una muy larga filmación, en gran manera autobiográfica. 

La atmósfera azul en la que sus imágenes viven sumergidas, constituye su primer emblema y el más distintivo. El azul Monory, color elaborado y patentado por el propio artista, nos remite al procedimiento cinematográfico conocido como “la noche americana", un filtro azul con el que se rodaban les películas para fingir una escena nocturna. Por otro lado, en muchas de sus pinturas, Monory fija y combina la imagen de una o varias escenas dejando en suspenso la ficción narrativa a disposición de la mirada y de la imaginación del espectador. Así se convierten en algo similar a grandes postales enviadas desde el sueño o desde algún remoto pliegue de la memoria del artista.

En diversas ocasiones, Monory se ha referido al azul como el color de sus sueños y, al tiempo, como una barrera protectora erigida ante su miedo a la violencia que, de manera paradójica, tiene una presencia constante en sus pinturas. Es una violencia estrechamente emparentada con el cine policíaco de serie B americano, pero tratada con un acusado tono onírico; sueños en donde se combinan vivencias personales y obsesiones y en los que el propio Monory protagoniza algunas de las escenas, con lo que queda marcado claramente el carácter autobiográfico de su obra. El color azul la impregna de una atmósfera nocturnal, enigmática, que combina frialdad y distancia desde un punto de vista técnico con una implicación temática vital y existencial. 

Jean-François Lyotard, filósofo de la postmodernidad, amigo de Monory –con quien ha colaborado en diversas ocasiones–, habla de la muerte y de la máquina como los dos grandes temas subyacentes en el trabajo del artista. El revólver y las armas, los coches americanos de los años 50 a 70, los impactos de bala e, inevitablemente, la figura femenina, son elementos dramáticos constantes en sus pinturas.

La exposición se introduce en el Espacio 2 con una interesante rareza. Se trata de una obra de pequeño formato de 1989 creada a cuatro manos por Jacques Monory y Peter Stämpfli, con motivo de una exposición conjunta en la Abbaye des Cordeliers, de Châteauroux, y cedida especialmente para esta exposición. Es una obra representativa de la estrecha e ininterrumpida amistad que une a los dos artistas desde los años 60 y que está en el trasfondo de esta gran exposición.

En los Espacios 2 y 3 de la Fundación se exhiben un conjunto de obras realizadas entre 1968 y 2012 y que pertenecen a diversas series como Voiture de rêve, Baiser, Noir et bleu o Roman-Photo, entre otras.

Es preciso destacar una pieza muy especial: Ex-, su primer cortometraje. Rodado en 1968 con su gran amigo, el editor Robert Delpire, el film es una referencia imprescindible en su obra. El visitante puede contemplar su proyección en el Espacio 3. Ex- anticipa buena parte de su trayectoria posterior, empezando por el filtro azul con el que Jacques Monory tiñe el mundo en que habita toda su obra desde les años 60 hasta hoy.