‘Ramon Casas, la modernitat anhelada’

De 6 Julio 2017 hasta 22 Octubre 2017
CaixaForum Palma

Figura clave del Modernismo, llega a CaixaForum Palma esta muestra de carácter retrospectivo que también incluye obras de algunos de sus contemporáneos. La conmemoración del 150 aniversario del nacimiento de Ramon Casas (1866-1932) resulta una oportunidad magnífica para reencontrarnos con la obra del pintor que mejor supo captar la eclosión de un nuevo tiempo en el cual la idea de modernidad llamaba a las puertas de la historia. Con su actitud, a veces bohemia, a veces irreverente y socarrona, Casas realizó una firme declaración de adhesión a la propuesta surgida en el decurso de las últimas décadas del siglo xix. En este sentido, no hay que obviar su uso de determinados ingenios —la bicicleta, el automóvil— que ponían de manifiesto su confianza optimista en las posibilidades tecnológicas que ofrecía el mito del progreso. A caballo, pues, entre el deseo y la realidad, la obra de Casas fue muy permeable a la asimilación de un gran número de influencias: el cartel, la fotografía o la estampa japonesa. La muestra que ahora llega a CaixaForum Palma, tras su paso con gran éxito por Sitges  y Madrid, reúne 88 obras tanto de Casas como de artistas coetáneos y está organizada por la Obra Social ”la Caixa” junto con el Museu Nacional d’Art de Catalunya y Museus de Sitges. La exposición ha contado con la colaboración de la Generalitat de Catalunya, la Diputación de Barcelona y el Ayuntamiento de Sitges.

La construcción de una identidad artística
Los inicios de la carrera artística de Casas estuvieron muy marcados por su temprana decisión de viajar a París, donde fue a estudiar cuando solo tenía 15 años, ciudad que construyó una referencia permanente a lo largo de toda su vida. En este contexto de la década de 1880, el contacto con el principal centro artístico europeo fue un incentivo estimulante, dado que le permitió conocer un abanico muy rico de lenguajes y tendencias creativas. El pintor fue muy permeable a todas estas influencias, asimiladas durante una etapa formativa privilegiada, dado que en contra de lo que hubiera sido habitual no se reflejó en los modelos locales, sino que hizo un salto valiente y se fijó en la obra de artistas internacionales, algunos de ellos, como era el caso de Carolus-Duran, con una reconocida trayectoria. 

En este ambiente dinámico, es natural que el joven Casas quedara deslumbrado y adoptara un registro poético muy ecléctico y muy indeterminado, sin que pudiera emerger aún una propuesta original y diferente. Esta simbiosis híbrida queda patente en una indefinición de lenguaje y un predominio de los ejercicios autorreferenciales donde predominan los retratos familiares, de amigos, de todo aquello que le permite autoafirmarse como pintor, con el objetivo de hacer un autodescubrimiento fundamentado en las miradas y las referencias deudoras de las obras de otros pintores. Pocos años más tarde, el juego de espejos revertirá positivamente y dará paso a un proceso en el cual la obra de Casas acabará siendo el espejo en el que se reflejará la obra de la generación artística catalana posterior.

La pulsión bohemia
El mes de enero del año 1897 abre sus puertas en Barcelona la cervecería Els Quatre Gats. El local de la calle Montsió fue el centro irradiador de un modelo cultural alternativo dedicado a incentivar y estimular la libertad y la creatividad artística, siguiendo el modelo del famoso cabaret parisino Le Chat Noir, en el cual se reflejó. El espacio reunió, durante sus seis años de funcionamiento, todo tipo de actividades de carácter popular —espectáculos de sombras chinas, marionetas, combates de boxeo— y también artístico. Aunque no supuso ninguna alteración de las relaciones artísticas existentes, la actitud del grupo bohemio, liderado por Casas, Romeu y Rusiñol, evidenció la crisis del sistema oficial de las artes, incapaz de dar salida a las pulsiones más vanguardistas y dinámicas de la época.

Más allá de las calificaciones de informal, irreverente, incluso extravagante, con las cuales se quiso limitar y caricaturizar el abasto de la experiencia, durante este periodo el artista vivió un momento de una intensa productividad. Con sus creaciones populares Casas creó la marca publicitaria de la popular taberna y supo dar visibilidad a buena parte del imaginario del grupo. Aunque breve, este episodio de la historia cultural de Barcelona fue una de las aportaciones más originales y estimulantes de la modernidad artística catalana.

La paradoja del artista moderno
No deja de resultar paradójico que un pintor cosmopolita y receptivo a las corrientes pictóricas internacionales se sintiera atraído por el cultivo de la temática popular. La destacada presencia de los motivos pintorescos en su producción, con una especial predilección por la representación de escenas taurinas o tipologías de majas y toreros, muy en sintonía con la más tradicional veta brava española, deja patente la permeabilidad de Casas a la hora de incorporar un repertorio lleno de referencias locales, muy apreciado por una clientela muy identificada con estos elementos simbólicos.

Después de todo, su obra evidenciaba un modelo híbrido en el cual el pintor moderno tendía a nutrir su imaginario con todos aquellos elementos que pudieran enriquecerlo, superando la tradicional diferencia que separaba la alta cultura de la baja. El circo, la tauromaquia, los espectáculos populares permitían la conexión con unas formas de recreo muy arraigadas en el imaginario popular y que desvelaron el interés de las nuevas generaciones de artistas. Sin embargo, la sobreinterpretación abusiva del tema produjo un efecto contrario, dado que Casas también tuvo la tendencia de fijar una imagen tópica y estereotipada, sin pretender revisar la visión folclórica hegemónica.

La poética de la multitud
Con la realización de Garrote vil en el año 1894, Casas inaugura la serie de composiciones dedicadas a la denominada pintura de crónica social. Aunque con anterioridad había iniciado el camino de descubrimiento de un nuevo material sensible como era el de la aparición de público en las escenas taurinas, no fue hasta aquel momento cuando el pintor decidió incorporar a su repertorio el motivo de la multitud de una forma mucho más intensa.

En realidad, la temática entronca con la tradición decimonónica de la pintura de historia, en la cual se refleja, pero con una voluntad de superar las limitaciones y los convencionalismos característicos del género. Casas incorpora en estas obras un actor histórico nuevo: la multitud anónima. El héroe virtuoso, valeroso y épico, el modelo clásico del exemplum virtutis, da paso en su pintura a una multitud desmaterializada y poco individualizada en la que los referentes éticos han desaparecido. Por encima de las implicaciones morales del tema, la ausencia de valores individuales o la tendencia a la alienación social, para Casas las narraciones representadas permiten al pintor captar las posibilidades estéticas de una masa uniforme de personas aglomeradas. De la misma forma, las composiciones ponen de manifiesto la influencia de la técnica fotográfica, un efecto especialmente perceptible en el uso de un tipo de encuadre fragmentario y un marco visual abierto que insinúa una acción continuada.

Identidades ambivalentes
Gran especialista en el cultivo del género del retrato, Casas convirtió la imagen de la mujer en uno de los motivos artísticos más habituales de su trayectoria profesional. Las obras expuestas incluyen una diversidad tipológica suficientemente representativa de los diferentes modelos en los cuales fundamentó la búsqueda del ideal estético de belleza femenina, aunque predomina el perfil de la mujer sofisticada, refinada, elegante y coqueta, mucho más próxima al decorativismo del estilo 1900. Esta ambientación de sofisticación, lujo y riqueza nos sumerge en una sociedad que tiene el hedonismo y el culto al placer esteticista como valores muy estereotipados del decadentismo de finales del siglo xix.

Sin embargo, junto a este arquetipo, deudor de la pintura anecdotista y de la sensualidad orientalista, también emerge, como reclamo publicitario, un modelo de mujer emancipada, activa, que tiene un papel más acorde con la vida moderna y a quien le gustan actividades como la lectura o el deporte, alejadas de la imagen tradicional. De la misma manera, les series de desnudos realizados durante la década de 1890 devienen uno de los episodios pictóricos más libres y estimulantes de Casas. En términos formales, se trata de ejercicios que superan las convicciones academicistas y derivan en propuestas de gran atrevimiento formal y de una gran fuerza visual.