Los nuevos hallazgos arqueológicos reafirman la hipótesis de que Súbur fue Sitges

Los últimos hallazgos de piezas de la época romana en la zanja que se abrió en la calle Fonollar a causa de las obras de reforma de los museos Cau Ferrat y Maricel, han aportado una nueva luz sobre el pasado más antiguo de Sitges. La aparición de estos restos permite reordenar las tesis arqueológicas que se habían expuesto hasta ahora y reafirmar la teoría de que en el núcleo antiguo de Sitges había una zona habitada de dos hectáreas o más en la época de los íberos y romanos.  
Durante años, la identificación de Subur había sido una incógnita para arqueólogos, historiadores e investigadores. Los primeros argumentos habían relacionado a Sitges con esta ciudad romana, citada por Plinio el Viejo, Pomponio Mela y Claudio Ptolomeo y una inscripción de Tarragona, aunque la falta de pruebas suficientes que lo demostrarán generó dudas sobre su ubicación exacta. Si bien, el topónimo “Subur” se ha localizado en Sitges desde la Edad Media, mayoritariamente entre los arqueólogos se ha mantenido en las últimas décadas una postura de escepticismo y de prudencia a la hora de precisar un punto exacto donde situarla, siguiendo las fuentes, en el área entre las actuales Barcelona y Tarragona.  
Estos nuevos restos de la calle Fonollar, desmienten que el yacimiento íbero y romano de Sitges fuese pequeño y secundario, como se había dicho en base a la falta de hallazgos, y permiten, ahora sí, apuntar al núcleo más antiguo de Sitges como el lugar que hace casi 2000 años se identificó como Subur. Los restos de los muros y objetos aparecidos hace unas semanas, y los trabajos anteriores realizados por el arqueólogo Joan Garcia Targa, permiten sostener la tesis de la existencia de un extenso asentamiento de la época ibérica que continuó en la romana, como mínimo hasta final del siglo III dC.  
La zona arqueológica ¬–que conocemos como Puig de Sitges– abarcaba desde la actual calle Carreta a la Torreta, ya que es, en esta superficie donde se han encontrado los restos y las piezas. De hecho, el arqueólogo del Consorci del Patrimoni de Sitges Pere Izquierdo cree que ha descubierto nuevas Sitges antiguas situadas, en la actualidad, un poco por debajo del nivel del mar, bajo el baluarte de la Torreta, que confirmarían que Sitges fue un puerto comercial de gran actividad en la época de los íberos y de los romanos, de donde salía el trigo y el vino del Penedès hacia el Mediterráneo.  
Los nuevos hallazgos constituyen una pieza clave en la cadena histórica, probablemente una de las de mayor relieve arqueológico e histórico. Desde que en el siglo XIX se produjeron las primeras apariciones de restos de época clásica en la zona del actual núcleo antiguo, los hallazgos se han producido regularmente, aunque con intermitencias. En los años setenta del siglo XX aparecieron nuevos materiales arqueológicos a raíz de unas obras y en 1988 se realizó la primera intervención arqueológica en la zona, donde ahora esta ubicado el Arxiu Municipal Històric, y se localizaron los fondos de dos “Sitges”, uno de la época moderna y otro de la ibérica. En el año 2000 se encontraron los restos de un muro ibérico delante de la Biblioteca Santiago Rusiñol, y entre el 2001 y el 2002 se excavaron nuevos “Sitges” y una fosa pequeña –fechadas entre la primera edad del hierro y la época romana– justo donde está el ascensor del edificio del Ayuntamiento. En 2004 aparecieron seis “Sitges” antiguas más en el número 4 de la plaza del Ayuntamiento. También se conoce la existencia de importantes muros de la época romana en la calle Nou (donde está situado la OAC).  
De las piezas que se encontraron hace unas semanas en la zanja de la calle Fonollar, la más estelar ha sido el anillo de oro del siglo I dC. Aunque el yacimiento ha permitido localizar otros objetos con un extraordinario valor arqueológico, que nos informan que en las postrimerías del siglo I, donde ahora está el Palau de Maricel, había unos muros que entonces ya eran viejos y se caía el revestimiento, cuando se empezó una reforma importante con la construcción de una terraza ante el mar. Algunos fragmentos de tejas romanas implican que existían espacios cubiertos. También tenemos datos de las actividades de la gente que vivía, como ahora la pesca, con peso en las redes, conchas y piedras que procedían del fondo del mar, que significa que antes de estar la terraza, la roca desnuda y pulida por el uso la hacían servir para limpiar y arreglar las redes. Las actividades comerciales se demuestran por numerosas importaciones de vajillas de mesa de barniz rojo procedente de Italia y del sur de Francia, así como de cerámica de cocina hecha en el norte de África y de otras de tradición ibérica local.  
En el yacimiento había también un centenar de trozos de ánforas, entre ellas quince correspondían a ánforas ibéricas y ocho a ánforas de Ibiza, con toda probabilidad de antes de la llegada de los romanos. De esa época, se han encontrado cinco fragmentos de ánforas de aceite y de conservas de pescado que proceden de Andalucía, ocho fragmentos de ánforas de vino de Italia, y una veintena de trozos de ánforas de vino de producción catalana.  
Una pequeña losa romboidal de piedra roja procedente de Eramprunyà habría formado parte de un pavimento que se reaprovechó como piedra para afilar. También había una ficha de juego de la época ibérica, una llave de hierro, dos pasadores de bronce, algunos fragmentos de vidrio y un asa de una luz de aceite.  
Gran parte de estos materiales corresponden a las postrimerías del siglo I dC, en época de los emperadores Vespasiano, Tito y Domiciano, conocidos por los emperadores Flavios, y no había nada en la tierra que fuese posterior a ese momento, aunque si quedaban algunos objetos más antiguos, de la época ibérica.